
El capítulo 3 de la tercera temporada nos cuenta, desde el punto de vista de Rhaenyra, los problemas a los que tiene enfrentarse la reina una vez que ha alcanzado el Trono de Hierro: una serie de dilemas nada sencillos que recuerdan a los que planteaban las tramas de Jon Snow y Daenerys Targaryen en el libro 'Danza de dragones' de George R. R. Martin
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“Mata al niño, y que nazca el hombre”. El maestre Aemon, en Danza de dragones
El episodio 3 de La casa del dragón, titulado paradójicamente Rhaenyra triunfante, es muy diferente a los que llevábamos hasta ahora en esta espectacular temporada 3. Sin ser de entrada tan vistoso como en los dos capítulos anteriores, me parece uno de los más interesantes de toda la serie. Ya señalé que el segundo episodio, en el que Rhaenyra toma por fin Desembarco del Rey con sus dragones, podría entrar tranquilamente en un ranking de los diez mejores de todo el universo de Juego de tronos. ¿Y ahora qué? La protagonista ya ha conseguido su objetivo, ha recuperado el Trono de Hierro, pero los problemas están lejos de terminarse: no hay oro con el que gobernar, surgen los conflictos entre los aliados y la reina choca con la religión oficial y con las élites locales.
Rhaenyra Targaryen en el Trono de Hierro al final del segundo episodio de la temporada 3 de 'La casa del dragón' Este tercer episodio se centra casi exclusivamente en el punto de vista de Rhaenyra, nos comparte el estrés y la angustia con los que encara sus primeros días de gobierno. Porque una cosa es querer ejercer el poder con responsabilidad, y otra distinta es saber resolver adecuadamente cada uno de los dilemas que se te plantean, sabiendo que mucha gente va a quedar descontenta con el resultado de tus decisiones, y que vas a tener que hacer equilibrios para no generar un agravio irreversible que luego se te vuelva en contra (y, si lo haces, es importante ser consciente al menos de que tendrás que afrontar las consecuencias).
La corona pesa, y más en una Rhaenyra que ha sufrido mucho tras la traumática muerte de sus dos hijos. La conspiración del bando de los verdes para quitarle el poder, que la apartó del trono, vuelve a ser muy relevante en este episodio, especialmente por una decisión tomada por el consejo liderado por Otto Hightower al final de la primera temporada: la de repartir y esconder el oro de la Corona, por si acaso el bando del Rhaenyra se hacía con el control de Desembarco del Rey, como finalmente ha sucedido. Porque es distinto conquistar Desembarco del Rey que gobernar Poniente, sobre todo si no tienen fondos que administrar. Y ese es el golpe maestro final de Otto: cuando Rhaenyra y Daemon lo ejecutan, este se lleva a la tumba el secreto de dónde está el dinero. Y la otra persona que podría saberlo, Tyland Lannister, está en paradero desconocido, presumiblemente muerto, después de la batalla del Gaznate.
El consejo verde al final de la temporada 1 de 'La casa del dragón' Es curioso, porque haciendo un sondeo general entre pódcasts, blogs y canales de YouTube dedicados al universo de Juego de tronos creado por George R. R. Martin (y creedme que hay muchos, y muy buenos), compruebo que este episodio 3, Rhaenyra triunfante, es el que les ha parecido por ahora su episodio favorito de esta tercera temporada, y uno de los mejores de toda la serie. Una percepción ligeramente diferente a la del público general, ya que en portales como IMDb los dos primeros capítulos superan a este en nota (aunque el tercero tiene una calificación igualmente buena).
¿Y por qué está gustando tanto este episodio, especialmente entre los fans del universo literario creado por George R. R. Martin? No es por su fidelidad al libro Fuego y sangre, pues en esta entrega se incluyen también variaciones importantes (la trama del falso Daeron, por ejemplo; la cena vengativa con la nobleza de Desembarco del Rey; o la negativa de Rhaenyra a legitimar a los hijos ilegítimos de Corlys Velaryon, que tanto conflicto puede generar, son solo algunos de los cambios, aunque son todos perfectamente coherentes con los personajes que se nos han presentado en la serie). Pero, curiosamente, Rhaenyra triunfante es una de las adaptaciones más fieles que se han hecho hasta ahora de la experiencia de leer los libros originales de la saga Canción de hielo y fuego (los que inspiraron la serie de Juego de tronos), en los que cada capítulo se nos contaba desde el punto de vista de uno de los personajes principales, veíamos las cosas a través de sus ojos, y nos enterábamos de la mayoría de giros narrativos cuando ellos lo hacían.
Corlys Velaryon y sus hijos Alyn y Addam cenan con la reina Rhaenyra En Rhaenyra triunfante hay menos dragones, batallas o escenas espectaculares que en los dos episodios anteriores. Todo es menos épico y, a ratos, parece casi una película de terror. Se siente, de alguna forma, como el verdadero inicio de la temporada 3 (igual que los dos anteriores eran casi más el final de la segunda temporada), ya que presenta nuevos personajes y problemas que seguramente tendrán relevancia en un futuro. Pero a la vez recupera ese espíritu original de Juego de tronos, cuando todavía esta serie no era tan popular ni tenía tanto presupuesto, y buena parte de las escenas eran reuniones, conversaciones tensas que se volvían repentinamente discusiones, estallidos verbales o la valoración de los pasos qué convenía dar o no en un futuro de cara a gobernar sin perder la cabeza (metafórica o literalmente) por el camino.
Este episodio 3 de la tercera temporada conecta de forma muy directa con la última novela de la saga de Canción de hielo que ha publicado Martin: Danza de dragones. Y lo hace no solo por el título (que es una alusión a la guerra civil Targaryen que se nos cuenta en La casa del dragón), sino porque ese libro tiene una particularidad, que lo hace quizá menos redondo que otras entregas, pero también más interesante: está sobre todo centrado en lo difícil que les resulta ejercer el poder y los dilemas a los que se enfrentan dos gobernantes muy jóvenes: Jon Snow como lord comandante de la Guardia de la Noche en el Muro; y Daenerys Targaryen como reina en Mereen. Analiza esa distancia entre querer hacer lo correcto y ser prácticos; buscar conciliar o ser firme en tus principios; priorizar las respuestas a corto plazo o pensar de forma más amplia teniendo en cuenta el futuro. Y Martin ya deja claro en sus libros, como también reflejan sus series, que no suele haber una respuesta muy clara, y que muchas veces las mejores decisiones son aquellas que dejan parcialmente insatisfecho a todo el mundo, y tomarlas sabiendo eso puede ser muy frustrante.
Rhaenyra y Daemon se disponen a nombrar caballeros a los tres jinetes conocidos como las semillas del dragón El episodio de Rhaenyra triunfante explora el precio del poder, como también lo hacen los capítulos de Jon y de Daenerys en el libro Danza de dragones. ¿Se puede seguir siendo uno mismo, no perder aquello que tenemos de genuino o bondadoso, estando en el trono? Rhaenyra cree que sí, pues dice que su padre Viserys lo logró, pero nosotros sabemos que su padre, quizá un buen hombre, y un monarca pacífico, no fue un gran gobernante: evitaba mirar de cara a los problemas y no consiguió impedir una guerra civil que intuía que iba a estallar entrre los miembros de su familia en cuanto faltara. Alicent Hightower, amiga de la infancia de Rhaenyra primero y, después, su madrastra (y ahora prisionera suya), tiene claro que Viserys vivía en un mundo de su invención, y que gobernar supone muchas veces tomar decisiones que te pueden llevar a odiarte a ti mismo.
El que sí tenía claro que el poder tiene un peaje muy alto, que se puede ejercer con responsabilidad, pero que se lleva por delante toda inocencia o ligereza, es el maestre Aemon, tanto en el libro de Danza de dragones como en la serie de Juego de tronos: “Mata al niño que hay en ti. Para gobernar hace falta un hombre. Mata al niño y que nazca el hombre. (…) No disfrutarás mucho de tu mandato, pero creo que tienes fuerza para hacer lo necesario. Mata al niño, Jon Nieve. El invierno se nos echa encima. Mata al niño y que nazca el hombre”.
El maestre Aemon y Samwell Tarly en la temporada 5 de 'Juego de tronos' A pesar de que Jon procura honrar el consejo de su amigo y mentor, y toma algunas decisiones muy difíciles, son sus decisiones las que también se lo acaban llevando por delante, de forma mucho más compleja y amarga todavía en el libro que en la serie. En la temporada 5 de Juego de tronos, algunos miembros de la Guardia de la Noche lo asesinan por dejar cruzar el Muro y refugiarse detrás de él a los salvajes, enemigos acérrimos desde tiempos inmemoriales. Tanto los salvajes como la Guardia tienen sus manos manchadas de sangre de sus rivales, y ahora, como bien sabe Jon, les toca compartir destino y unirse frente a un enemigo mayor, el único verdaderamente importante: los Caminantes Blancos que arrasan con toda forma de vida con la que se encuentren por el camino. Algunos miembros de la Guardia de la Noche ven en esta decisión una traición que sienten que los legitima para cometer una traición mucho mayor: asesinar por la espalda a su líder electo que, además, aunque ellos no supieron verlo, procuraba hacer lo correcto, y pensar en el largo plazo frente a lo que podía suponer un malestar inmediato. En el libro, sin embargo, Jon se enfrenta todavía a un mayor número de problemas, sus dilemas son más profundos y complejos, y sus errores también.
En la novela Danza de dragones Jon también deja pasar a los salvajes por un bien mayor; y también envía lejos del Muro al maestre Aemon y a Sam Tarly, su mejor amigo. Pero acaba traicionando sus votos de una forma mucho más humana. Tiene continuos dilemas sobre si involucrarse más con Stannis (tal y como este le pide) en su campaña por apoderarse el norte y vengarse de los asesinos de los Stark, la familia que crio a Jon. Jon es capaz de resistirse al final del anterior libro a que Stannis lo legitime y lo nombre Jon Stark, siendo ahí sí fiel a sus votos de la Guardia de la Noche de renuncia a todo vínculo familiar anterior. De hecho, es su amigo Sam el que consigue que Jon salga elegido como lord comandante para, de alguna forma, hacer que este se vea obligado por su nueva responsabilidad a pensar más como el líder de los hermanos juramentados que como un joven que ha visto a su familia brutalmente asesinada.
Jon Snow como lord comandante de la Guardia de la Noche en la temporada 5 de 'Juego de tronos' Jon consigue estar a la altura de su cargo en las primeras decisiones: hasta escribe a Desembarco del Rey, para reforzar la idea de que el Muro no interviene en la política de los Siete Reinos, para guardar las apariencias y demostrar que le guarda el mismo respeto al rey Stannis que al rey Tommen, por mucho que la familia Lannister nunca vaya a contar con su afecto. También hace frente a la presión de forma admirable, resistiéndose a entregar numerosas tierras y castillos de la Guardia a Stannis, llenándolos de salvajes y de hombres de su confianza (quizá este sea uno de sus primeros errores, enviar lejos de él a demasiados compañeros fieles). Decide organizar una misión de rescate de un montón de hombres, mujeres y niños que están amenazados más allá del Muro. Y hasta consigue un préstamo del Banco de Hierro para conseguir comida y afrontar un invierno en el que cada vez hay que alimentar más bocas, con la llegada de los salvajes. Esta es una de las mejores decisiones que toman tanto Rhaenyra como Jon y Daenerys al poco de llegar a su cargo: se preocupan por alimentar a los hombres y mujeres bajo su mando, lo que inmediatamente se gana nuestra simpatía como lectores y espectadores.
Sin embargo, cuando Jon sabe que su hermana Arya puede estar en peligro, decide participar en una misión urdida en secreto con Melisandre para intentar rescatarla. Y cuando una señora norteña le pide ayuda y, sobre todo, cuando recibe la amenazadora carta rosa, escrita supuestamente por el cruel Ramsey Bolton desde Invernalia, Jon no puede resistirse y decide intervenir. Por tanto, a ojos de aquellos compañeros que deciden finalmente asesinarle, Jon estaba faltando a sus obligaciones como lord comandante por varios motivos: no solo por abrir la puerta y acoger a aquellos que consideraban sus enemigos, sino también por involucrarse con uno de los bandos (el de Stannis, en la medida en que este iba a vengar a los Stark), de una guerra en la que estaban obligados a no intervenir, y en la que él participa no solo porque crea que es lo correcto, sino por salvar u honrar a los que quiere. Por mucho que se ha resistido a lo largo de los distintos libros, animado también por el maestre Aemon, en el dilema entre el amor y el deber, Jon se decide por el amor, como ya le paso a Robb Stark. Y paga unas consecuencias también brutales.
Daenerys Targaryen en la temporada 5 de 'Juego de tronos' En contraposición a Jon está Daeneryrs, que tiene que enfrentarse de continuo a dilemas complejos entre lo que sabe que es lo moralmente correcto y lo que considera que es políticamente más recomendable. Con el añadido de que gobierna unas tierras extranjeras, que no la aceptan como reina, y que tiene unas élites que desean su caída. Daenerys tiene mucha presión para volver a autorizar unos crueles juegos de gladiadores en los que participan esclavos que muchas veces pierden la vida en ellos. Y la solicitud de permitirlos de nuevo le llega no solo de boca de los esclavistas, sino muchas veces de los propios gladiadores. Daenerys también se ve obligada a encerrar a sus dragones, a los que considera prácticamente sus hijos, y a los que no solo la une un fuerte vínculo, sino que son todo un símbolo de su poder. Y los encierra debido a que estos, aunque sea involuntariamente, han demostrado ser animales muy peligrosos, y hasta se han cobrado la vida de algún niño.
Daenerys, por ejemplo, sí elige el deber por encima del amor cuando acepta casarse con un poderoso noble local al que no ama, en una alianza política que busca reforzar su posición y apaciguar a su nuevo pueblo. Por no hablar de que decide aplazar su gran deseo, el de partir a la conquista de Poniente, de donde su familia fue expulsada, debido a que siente una responsabilidad moral con la ciudad que ha tomado recientemente y que, a sus ojos, ha liberado (y, ciertamente, ha conseguido que los esclavos que allí había sean ahora ciudadanos libres). Sin embargo, y a pesar de que hace lo que se supone que es lo correcto, ni se siente bien, ni parece que las cosas marchen como la seda.
Rhaenyra, acompañada de cuatro dragones, se dispone a tomar Desembarco del Rey en 'La casa del dragón' Tanto en Rhaenyra triunfante como en los capítulos de Jon y Daenerys en Danza de dragones se explora el día después de la toma del poder, que no es sino el prólogo de todos los problemas que va a plantear el gobierno a partir de ahora. Y, sobre todo, muestra que las buenas intenciones no garantizan necesariamente buenas decisiones, y cómo para ejercer adecuadamente el poder se necesitan buenos asesores y consejeros (Rhaenyra, Jon y Daenerys apenas los tienen). Los pequeños errores que se cometen se unen, además, a elementos que escapan de tu control, como pueden ser, en el caso de Jon, los Caminantes Blancos; en el de Daenerys, la alianza de las demás ciudades esclavistas o los asesinos conocidos como los hijos de la Arpía; y en el de Rhaenyra, ese Ormund Hightower que se configura como una sombra astuta, que parece desestabilizarla en el momento en la que ya creía terminada la guerra. Es mucho más aterrador para ella no verlo, imaginarlo como una amenaza fantasma, que tenerlo delante.
Rhaenyra Targaryen en la temporada 3 de 'La casa del dragón' Porque Rhaenyra nunca ha tenido tanto poder como ahora, pero se encuentra a la vez en una posición débil: ha nombrado caballeros a los jinetes conocidos como semilla de dragón, pero están insatisfechos, pues uno (Ulf) quiere tierras y castillos; otro (Hugh), vivir con tranquilidad con su familia; y el tercero (Addam), su legitimación como hijo de Corlys. Porque ese mismo Corlys Velaryon que es mano de la reina está furioso con ella, pues considera que lo ha dado todo por su causa, que lo ha perdido todo por ella, y que Rhaenyra no hace a cambio lo único que él le ha pedido. Y porque Daemon, su marido, es un compañero perfecto para ganar una guerra, pero un auténtico inepto en las complejas y grises tareas de gobierno.
Rhaenyra quiere hacer lo correcto con el pueblo llano, pero apenas dispone de fondos con los que ayudarlos; quiere ser firme con sus enemigos, sin caer en la venganza sobre inocentes; se muestra dura con las élites locales, pero los agravia de una forma que se le puede volver en contra; necesita que la religión oficial de Poniente la corone como legítima reina, pero no sabe gestionar bien su rechazo. Una tormenta se cierne en el horizonte, y presentimos que su reinado será turbulento. Estaremos allí para disfrutar de este viaje y, probablemente, para sufrirlo también junto a ella: tal y como disfrutamos y sufrimos de los maravillosos capítulos de Jon y Daenerys en Danza de dragones de George R. R. Martin.



