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Un perro y una mesa

Un perro y una mesa
Manu Sánchez ha vuelto a su El perro andaluz (La 1, jueves noche) con un monólogo sobre Ceuta: además de enviar millones de euros a Ceuta –ha dicho–, el Gobierno debiera combatir el miedo de los ceutíes a lo incierto de su paz y su futuro. Tiene razón. Pero no ha contado cómo se hace eso. Ni él ni nadie. Atendí a la transmisión desde el Congreso de los Diputados ese mismo jueves: “¿Qué hubiesen hecho ustedes? ¿Disparar?”, preguntaba Pedro Sánchez a su oposición. La pregunta quedó en el aire, sin respuesta. Ojalá la oposición hubiese propuesto algo constructivo. Por ejemplo, un gabinete liderado por el jefe de la oposición y el presidente del Gobierno, juntos e instalados en la sede del Gobierno de Ceuta. Trabajando juntos para dar seguridad a los ceutíes, que verían a sus líderes políticos de cerca y gestionando el conteo de inmigrantes y canalizando el futuro, reforzando la seguridad de la frontera y de las calles, tramitando expedientes de repatriación o de envíos a centros de menores en todas las comunidades autónomas, sin que Ana Rosa Quintana, Susana Griso, Risto Mejide, Nacho Abad e Iker Jiménez necesitasen ir a salvar España. ¡Qué loco estoy! Porque el mundo no funciona hoy así: hoy preferimos destruirlo todo –el futuro de los ceutíes, sobre todo– con tal de mandar, con tal de echar al que manda para mandar uno.

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