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Todo esto pesa una medalla de oro: 'Karateka', la vibrante historia real de la española que se convirtió en olímpica | San Sebastián 2026

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La película de Moreno consigue algo que muy pocos 'biopics' alcanzan: abandonar el corsé de la realidad para mostrarla de una forma atractiva y elegante

Por Andrea Zamora Leer en la aplicación

"Esto es mejor no comentarlo y verlo" fueron las palabras que precedieron a un suceso histórico. "Esto es mejor no comentarlo y verlo" es lo que uno de los comentaristas del karate femenino dijo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 justo antes de que Sandra Sánchez caminara hacia adelante en el tatami, concentrada, decidida, para comenzar su kata. Unos cuatro minutos después, terminaba su ejercicio, ese con el que se convirtió en la ganadora de la medalla de oro. Se la colgó al cuello con casi 40 años. Pero, para que un comentarista deportivo pudiera decir tan acertada frase, tuvieron que pasar muchas cosas antes. Karateka, la película dirigida por Aritz Moreno, cuenta precisamente eso: todo lo que ocurrió para que un 5 de agosto de 2021, una mujer de Talavera de la Reina llamada Sandra se convirtiera en olímpica.

Karateka Karateka Dirigida por Aritz Moreno Con Andrea Ros, Patrick Criado, Aritz Moreno Fecha de estreno 30 de octubre de 2026

Esta historia, la de Sánchez, comienza en la gran pantalla con una niña vestida con tutú de bailarina lanzando un kiai en el salón de su casa. Ceño fruncido en ristre, no quiere ir a ballet. Lo que de verdad quiere es hacer karate como su hermano. La secuencia con la que abre Karateka es introducción, pero también metáfora, la de una mujer que se saltó la norma para demostrar a todo el mundo que se pueden hacer las cosas de otra manera.

En su veintena y en el momento en el que su carrera iba a despuntar, abandonó el Centro de Alto Rendimiento para cuidar de su madre después de que la diagnosticaran un cáncer. Los años pasaron y ella nunca dejó de hacer karate, pero cuando quiso volver no la tomaron en serio. ¿En la treintena? Menuda loca. Ahí estaba el tutú de nuevo. Ahora, el berrinche pasó de pataleta a insistencia, a demostrarle a un serio entrenador de Alcalá de Henares llamado Jesús del Moral que quería y, sobre todo, que podía.

Con la alianza ya formada, Sandra, interpretada por una decidida y simpática Andrea Ros, y Jesús, a quien da vida un Patrick Criado formidable, se van a Asia para encontrar y trabajar el kata con el que ganar. Aquí viene otro tutú: ella es "demasiado occidental" como para hablar con su cuerpo un lenguaje como ese. Y ahí va otra Sánchez desafiando la norma. Karateka se convierte entonces en una película de aventuras y en un festín visual -esto ya lo va anunciando desde sus inicios- porque la película de Moreno consigue algo que muy pocos 'biopics' alcanzan: abandonar el corsé de la realidad para mostrarla de una forma atractiva y elegante. El filme apuesta por cuidar la narrativa, pero también la estética. El karate es un arte y aquí se le respeta, con un cuidado que eleva la belleza de sus movimientos.

Andrea Ros como Sándra Sánchez Warner Bros. Andrea Ros como Sándra Sánchez

Karateka también es un logrado repertorio de personajes secundarios. Desde un carismático, divertido y afable mentor japonés a la representación de los valores más tradicionales de este deporte encarnados en una joven llamada la Reina del kata. Con ellos, la película juega al ying y el yang, a combinar lo tradicional con una visión, no más moderna, pero sí más experimentada de la vida. Y, con otros, Karateka lanza algunos dardos: a los que no creyeron en Sandra y a los que intentaron humillarla, esos que convirtieron el "Sandrita" en algo opuesto a lo cariñoso, en pura condescendencia y menosprecio. Pero, sin duda, el corazón del filme es la protagonista y su relación con Del Moral. La ambición de ella se convierte en la de él. Entre Ros y Criado hay química, hay complicidad y hay entendimiento, y parte de la emoción que genera la historia viene de ahí, de ellos dos.

Entre sus bondades y en su búsqueda de elegancia, también hay problemas. Karateka peca en ocasiones de alguna cursilada en forma de frase demasiado dramática e irreal. Hay momentos en los que la sutileza no es su mayor virtud.

Para cuando el comentarista de Karateka dice "esto es mejor no comentarlo y verlo", el viaje de la Sandra de la gran pantalla se funde con el de la Sandra real. El espectador llega con más entendimiento de lo que pesa una medalla de oro colgada del cuello. También de lo contrario: de la carga que es no ponérsela. Vale la pena hacer este viaje. Karateka es emoción y simpatía en forma de película.

Andrea Zamora Andrea Zamora -Editor Más de diez años de experiencia en prensa cinematográfica y apasionada del cine independiente, con especial interés en la fantasía y la ciencia ficción. Siempre en busca de nuevas historias y miradas creativas
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