Zach Cregger ha firmado una lección magistral de terror nocturno y supervivencia
Sony Pictures Por Alejandro G. Calvo Leer en la aplicación Lo primero que debo confesaros sobre Resident Evil es que entra de lleno en una categoría cinematográfica que me apasiona por completo: las historias situadas en una sola noche. Del mismo modo que siento una devoción absoluta por los westerns nevados, las películas que concentran toda su acción en una única jornada nocturna me flipan. En la crítica norteamericana y entre muchos compañeros de profesión se ha citado con insistencia ¡Jo, qué noche! (After Hours) de Martin Scorsese, una obra que en su momento fue injustamente machacada tras Toro Salvaje y El rey de la comedia. Aquella cinta de Scorsese estructuraba la travesía de Griffin Dunne como una sucesión de pantallas donde la extrañeza rozaba lo terrorífico.
Resident Evil recoge ese mismo esquema narrativo y lo traslada al terror bruto, al survival horror, al gore, al body horror y al J-Horror más visceral. Hay momentos de pura "substance exploitation" donde la película se vuelve tan extremadamente salvaje que parece conectar al monstruo final de La Sustancia con la casquería desenfrenada del Peter Jackson de Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro). Es una experiencia apta únicamente para estómagos preparados con una buena dosis de Omeprazol.
Zach Cregger se encuentra ahora mismo sentado en su propia trona de "Yo soy el rey" dentro del panorama del cine de género. Tras petarlo muy fuerte con Weapons -que me parece una de las mejores películas de terror de lo que llevamos de siglo- y deslumbrar previamente con Barbarian, el director demuestra que su evolución desde sus trabajos iniciales es pura brillantez. Cregger me recuerda a esa irrupción fulgurante que tuvo M. Night Shyamalan en su día por su enorme cuidado en la puesta en escena y su capacidad para descolocar al espectador tanto en taquilla como en la calidad estética de sus propuestas.
Austin Abrams y el arte de sobrevivir a lo John McClane
El gran acierto de Resident Evil radica en que toda la pesadilla recae sobre los hombros de una sola persona. El encargado de encarnarlo es Austin Abrams, un actor que está sencillamente increíble. Su interpretación se mueve con maestría en un punto medio entre el Bruce Willis de La jungla de cristal y el espíritu desatado de Evil Dead. Al igual que John McClane -el primer héroe de acción en ir narrando sus propias desgracias e improvisando un monólogo de comedia mientras elimina enemigos-, el personaje de Abrams no para de hablar en todo momento.
A pesar de encontrarse solo y de que la película podría haber apostado por el silencio absoluto, el personaje mantiene una verborrea constante repleta de "fucking, fuck, fuck, what the fuck", rozando probablemente el récord histórico de tacos en la pantalla grande. Incluso hay un guiño explícito a McClane cuando el protagonista se descalza en pleno desarrollo de la trama.
A nivel de dirección, Cregger despliega un homenaje continuo a John Carpenter cada veinte minutos, alcanzando su punto álgido con una referencia explícita e inolvidable a La Cosa que invita al aplauso inmediato. La construcción del suspense a lo largo del filme es impecable. Toda la primera media hora ambientada en una granja vacía y nevada resulta modélica. Cregger demuestra ser un genio de la puesta en escena jugando constantemente con las sombras y los puntos ciegos, ya que gran parte de la iluminación proviene únicamente de la linterna del teléfono móvil del protagonista. Además, alterna hábilmente la perspectiva del personaje con tomas en tercera persona, empleando recursos cinematográficos refinados como bajar el encuadre a ras de suelo para mostrar únicamente las zapatillas del protagonista en momentos de pánico. La cinta reúne los mejores sustos del año y regala un instante ultraterrorífico que combina la ternura con el horror más extremo en pantalla.
Resident Evil te atrapa por completo, logrando un efecto similar al de meter los dedos en la corriente eléctrica.
Alejandro G. Calvo -Director de SensaCine De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.



