Hay actores que aparecen en una serie y hacen bien su trabajo. Hay otros que consiguen que la serie sea mejor simplemente porque están en ella. Y después está Matthew Rhys. Por eso, cuando esta madrugada el actor galés se llevó dos Emmy de interpretación en la misma gala, uno por La maldición de Widow’s Bay y otro por La bestia en mí, mi primera reacción no fue exactamente de sorpresa. Fue más bien pensar: se lo merecía.
Porque ganar dos Emmy como protagonista en una misma edición de los premios es una barbaridad. Hacerlo por dos series diferentes es historia. Y hacerlo después de haber ganado ya el Emmy al mejor actor dramático por The Americans significa, además, completar una hazaña que hasta ahora nadie había conseguido: ganar las tres grandes categorías de interpretación masculina, drama, comedia y serie limitada.
Y todavía hay más. Rhys no se marchó de la gala con dos estatuillas, sino con tres. Widow’s Bay, de la que además es productor ejecutivo, ganó el Emmy a la mejor serie de comedia, de modo que el actor galés también se llevó de alguna manera ese tercer premio. Si añadimos el que consiguió en 2018 por The Americans, son cuatro Emmy en total. Y solo tiene 51 años...
Pero ¿cuál ha sido realmente la trayectoria profesional de este actor galés? Y, sobre todo, ¿por qué tengo la sensación de que, pese a llevar más de dos décadas trabajando al más alto nivel, sigue siendo un actor relativamente poco conocido en España?
Empecemos por las dos series que le han proporcionado este doble triunfo. En La maldición de Widow’s Bay, de Apple TV, Rhys interpreta a Tom Loftis, el alcalde de una pequeña isla de Nueva Inglaterra que intenta sacar adelante su comunidad y convertirla en un destino turístico. El problema es que los habitantes del lugar creen que la isla está maldita y, cuando empiezan a ocurrir una serie de acontecimientos inquietantes, Loftis tiene que enfrentarse a algo que escapa por completo a sus planes.
El actor, con las dos estatuillas por interpretación ganadas esta nocheAPLo interesante del personaje es que Rhys no interpreta al típico alcalde televisivo que tiene respuesta para todo. Tom Loftis es bastante más vulnerable, inseguro y humano. Quiere hacer lo correcto, pero no siempre sabe cómo hacerlo, y esa mezcla de buenas intenciones y debilidades es precisamente la que hace que el personaje funcione. La serie combina comedia y terror, dos géneros en los que resulta muy fácil caer en la exageración, y Rhys consigue que su personaje nunca deje de parecer una persona real.
En La bestia en mí, en Netflix, el registro cambia por completo. Rhys interpreta a Nile Jarvis, un hombre aparentemente sofisticado que se convierte en vecino de Aggie Wiggs, una escritora interpretada por Claire Danes (Homeland). Aggie, que intenta reconstruir su vida después de una tragedia personal, empieza a interesarse por Nile como posible protagonista de su próximo libro. El problema es que sobre él pesan sospechas relacionadas con la desaparición de su esposa y, poco a poco, la relación entre ambos se convierte en un peligroso juego de gato y ratón.
Y aquí vuelve a aparecer una de las grandes virtudes de Matthew Rhys: su capacidad para interpretar personajes de los que nunca terminamos de fiarnos. Nile puede ser encantador, inteligente y educado, pero siempre hay algo detrás de esa apariencia que nos hace sospechar. Rhys consigue mantener esa ambigüedad durante toda la historia, sin convertir al personaje en un villano de manual.
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Pero yo a Matthew Rhys lo descubrí mucho antes, en Cinco hermanos. Allí interpretaba a Kevin Walker, uno de los miembros de la enorme familia Walker, protagonista de aquella serie de ABC encabezada por Sally Field (también ganadora ene esta edición de los Emmy por Criaturas celestiales) y Calista Flockhart (Ally MacBeal). Kevin era abogado, inteligente, sarcástico y bastante más sensible de lo que aparentaba. Su vida sentimental y familiar proporcionó a la serie algunos de sus momentos más dramáticos, especialmente a través de su relación con Scotty Wandell.
Cinco hermanos era una serie esencialmente familiar, llena de secretos, discusiones, romances, tragedias y reconciliaciones. Y en medio de todo aquello estaba Kevin. Ya entonces se podía comprobar algo que después se convertiría en una de las señas de identidad de Rhys: la capacidad para combinar ironía y vulnerabilidad sin que ninguna de las dos cosas pareciera impostada.
Años más tarde le vi en Perry Mason, y aquello tampoco era precisamente un reto pequeño. Interpretar a un personaje asociado para siempre a Raymond Burr podía haber sido una trampa, pero HBO decidió hacer algo diferente. Su Perry Mason era una precuela que convertía al famoso abogado en un detective privado de Los Ángeles durante la Gran Depresión, un hombre alcoholizado, arruinado y traumatizado que estaba muy lejos del impecable abogado que muchos espectadores tenían en la memoria.
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Rhys estaba magnífico en aquel papel y llegó a ser nominado al Emmy por su interpretación. La serie quizá no tuvo todo el recorrido que se esperaba de ella, pero eso no debería hacernos olvidar el trabajo del actor. Su Perry Mason era un personaje roto, furioso y vulnerable, y Rhys no intentó imitar la versión de Raymond Burr. Hizo algo mucho más interesante: construyó su propia versión del personaje.
Pero si hay una serie que explica por qué Matthew Rhys merece todos estos reconocimientos, esa es The Americans. Y aquí tengo que decirlo claramente: en este artículo, estamos ante una de las mejores series de este siglo. Si alguien todavía no la ha visto, debería apuntarla inmediatamente en su lista de pendientes.
Rhys interpreta a Philip Jennings, un agente soviético infiltrado en Estados Unidos durante la Guerra Fría. Su mujer, Elizabeth, interpretada por Keri Russell, también es una espía soviética. Los dos viven en Estados Unidos haciéndose pasar por un matrimonio estadounidense normal mientras realizan misiones para la KGB. Lo que empieza pareciendo una magnífica serie de espionaje acaba convirtiéndose en algo mucho más complejo: una historia sobre identidad, matrimonio, familia, lealtad y la dificultad de decidir quién eres cuando llevas demasiado tiempo fingiendo ser otra persona.
Matthew Rhys y Keri Russell en 'The americans' LVPhilip Jennings es uno de esos personajes que se quedan en la memoria. Es espía, asesino, marido, padre y, al mismo tiempo, alguien que parece no tener demasiado claro dónde termina el personaje que interpreta y dónde empieza la persona que realmente es. Rhys consiguió convertir todas esas contradicciones en una interpretación extraordinaria y en 2018 ganó el Emmy al mejor actor protagonista de drama por ese papel, después de varias nominaciones anteriores.
Además, The Americans dejó otra historia detrás de las cámaras. Matthew Rhys y Keri Russell acabaron convirtiéndose en pareja después de compartir durante años la pantalla como marido y mujer. La ficción terminó en 2018, pero su relación continuó fuera de ella. Es una de esas curiosidades que, en este caso, parece casi escrita por los guionistas de la propia serie.
Y hablando de The Americans, permitanme una recomendación personal: hay que verla hasta el final. Su desenlace es, para mí, uno de los mejores finales de la historia de la televisión. No necesita grandes artificios ni giros imposibles. Simplemente entiende perfectamente quiénes son sus personajes y qué consecuencias tiene todo lo que han hecho durante seis temporadas. Es un final triste, incómodo, emocionante y absolutamente coherente con la serie. Una maravilla.
Por eso creo que los Emmy de esta noche no son una casualidad ni un premio a dos buenas actuaciones concretas. Son, de alguna manera, un reconocimiento a una trayectoria. Matthew Rhys lleva años demostrando que puede ponerse en la piel de personajes completamente diferentes y conseguir que todos parezcan hechos a su medida.
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