Ironizando sobre sus propias limitaciones, Toni Clapés ha estrenado Cervells mínims (La
2 Cat, 5% de audiencia). Desde el título, el programa parte del principio de que todos somos cuñados y que la fuerza popular de los ignorantes y los bocazas debe defenderse con un orgullo vehemente. El formato recoge elementos de Ilustres ignorantes (Movistar+) y Nadie sabe nada (Cadena Ser), y sobre todo del Versió RAC1 , que el año que viene hará treinta años que Clapés lo dirige, presenta, disfruta y, a veces, padece. Con medios limitados –es una característica de demasiados programas de La 2 Cat–, Clapés traslada al plató del Aclam Club una escenografía de sofás Chester y la predisposición del público a aplaudir compulsivamente y celebrar unos contenidos desacomplejadamente frívolos e intranscendentes. Unos contenidos que dependerán, en buena parte, de la predisposición de los invitados (Ada Parellada y Carles Sans el primer día) a ser cómplices del invento. Como colaboradores fijos, a Clapés le acompañan Txabi Franquesa, Alba Segarra y Guillem Estadella, que, gracias a la infinita generosidad de los extraños, perpetúa el papel de reportero callejero invasivo. A medida que transcurrían los minutos, Clapés fue perdiendo los nervios iniciales –demasiada gesticulación, cierta desorientación y el vértigo de la responsabilidad– y encontró el equilibrio entre la temeridad verbal, la naturalidad, el pesimismo sulfúrico, una genuina comicidad basada en la gestión de la indignación y la conciencia de ser, además de la reencarnación de Louis de Funès, el profesional que mejor refunfuña de este país.
La república de los cuñados
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