Cuando David E. Kelley, creador de Big Little Lies, confirmó tajantemente que habría una tercera temporada de la exitosa serie, no pude evitar pensar que acababa de cometer un grave error. Uno de esos que, con el tiempo, terminan ensombreciendo una historia brillante.
Tengo la teoría de que existe una maldición que persigue a las terceras temporadas. Le ha pasado hace poco a Euphoria. Después de cuatro años de espera -que se dice pronto-, Sam Levinson nos tomó el pelo de la misma forma que los hermanos Duffer nos lo tomaron en las últimas cuatro temporadas de Stranger Things. A estas alturas, la sensación entre buena parte de los espectadores es que cualquier parecido con la trama de las primeras temporadas es pura casualidad.
Fotograma de la serie Big Little LiesTercerosRecuerdo que esa maldición también dinamitó la serie Prison Break. Tras una primera temporada de diez y una segunda algo más cuestionable, la tercera hundió definitivamente la trama. Ves los capítulos porque los personajes siguen cayéndote bien pero la trama se vuelve más predecible e inverosímil que nunca.
Otro ejemplo es la tercera temporada de Killing Eve, la serie de HBO protagonizada por Jodie Comer y Sandra Oh. Tras los primeros capítulos, las críticas empezaron a apuntar en la misma dirección. The Independent la calificó de “rancia y predecible”, mientras que TV Guide sentenció que “se siente como una copia de su anterior”.
Sandra Oh y Jodie Comer, una dinámica impagable.BBC AmericaQuizá haya una lección que la televisión estadounidense debería aprender es que no todo lo que funciona necesita continuar. Y cuando ya no queda más historia que contar, se cierra la serie, se baja el telón y se empieza otra. Porque hay algo peor que terminar una buena serie demasiado pronto y es verla morir lentamente por no saber cuándo decir basta.
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